lunes, 16 de marzo de 2009

(II) ¿Tu red social es una "chivata"?

El tema de las redes sociales da mucho de sí, y más allá del tema de mi anterior post acerca del intento de las estas plataformas de apropiarse de la información que provees, existen otros conflictos que tienen más que ver con la privacidad de esa información que compartes, siendo responsabilidad casi exclusivamente del usuario y de cómo éste gestiona su intimidad.

Se está extendiendo por parte de muchas empresas la práctica de “googlear” el nombre del candidato en un proceso de selección para conocer datos extra o peculiaridades del individuo antes de decidir sobre él. Este proceso ahora se ha ampliado a redes sociales como Facebook o Tuenti, con el consecuente riesgo de estar mostrando al mundo, y sin saberlo, más cosas de las que nos gustaría que otros supieran, y a la larga perjudicarnos en un futuro.

Pero lo que no se puede hacer es señalar a priori a las propias redes sociales como culpables, ya que éstas disponen de herramientas para que el usuario configure los modos de acceso a cada tipo de información, y a partir de ahí el usuario es responsable de saber qué información está mostrando, no pudiendo pretender que nadie, ni siquiera un técnico de recursos humanos o su propio jefe, sea ajeno a una información que está ahí, y que el propio usuario ha facilitado voluntariamente.

Partiendo de que es una práctica totalmente lícita (siempre contando con que no haya fallos de seguridad que permitan que se muestre a toda la red información que hemos configurado como restringida) podríamos entrar a valorar si es más o menos ético que tu jefe “espíe” que foto tienes en tu perfil o cual es tu último comentario.

Como muestra, el caso paradigmático de una joven inglesa que fue despedida de su empresa cuando su jefe leyó en su estado que estaba “aburrida del trabajo”. Mas allá de que pueda entenderse como una intromisión y/o una reacción desmedida de este directivo, también es cierto que puede utilizarse también para destapar al típico listillo que pone una excusa familiar para ausentarse de su trabajo y que gracias a Facebook es cazado en una fiesta de Halloween, y puesto de patitas en la calle.

Cuando nos damos de alta en las redes sociales debemos ser conscientes de que no son redes privadas y que se ajustan a unos términos y condiciones (pese a que casi nadie los lea); y que hay mucha gente que no sabe gestionar la accesibilidad de la información que facilita y que luego carga contra Facebook por “arruinarle la vida”, cuando él es el verdadero culpable de no saber gestionar su intimidad.

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